Ay, Carmela
Creator: Saura, Carlos (1932-2023)
Contributor: Sanchis Sinisterra, José (b. 1940)
Contributor: Azcona, Rafael (1926-2008)
Date Created: 1990
Type: Film
Extent: 1 item
A la altura de 1990, consolidada la democracia y reescrita la falsaria historia heredada del franquismo, el cine español goza de mayor libertad en sus recreaciones de la guerra. Ahora no se trata tanto de la historia como de la plasmación de las mentalidades y las heridas emocionales en relatos donde el humor está presente, ya desde La vaquilla (1985). Aunque en Ay, Carmela habría que hablar más de tragicomedia costumbrista o de esperpento.
De entrada, la película tiene la fuerza de la celebrada obra de José Sanchís Sinisterra, uno de los renovadores del teatro español de la democracia junto a nombres como José Luis Alonso de Santos, Francisco Nieva, Luis Riaza, Antonio Gala, o grupos como Els Joglars, Dagoll-Dagom, La Fura dels Baus o Els Comediants. La obra presenta un tono metateatral que lleva a plantearse el valor del teatro como agente político o de memoria histórica. Esto se traslada a la película en la secuencia climática, cuando Paulino queda deslumbrado y el ruido de un proyector transforma el escenario teatral en un espacio fílmico. Además, entre los cambios notables respecto a la obra de Sanchís Sinisterra se ha incorporado el personaje de Gustavete y se ordena el relato cronológicamente, eliminando el flashback de la muerte de Carmela.
“Carmela y Paulino, variedades a lo fino” son unos cómicos de la legua que por error pasan del territorio en manos de la República al controlado por los nacionalcatólicos. Se ven obligados a cambiar sus homenajes a la República por mascaradas de alabanza a Franco, aunque Carmela no soporta el comportamiento de los franquistas, sobre todo con los voluntarios extranjeros capturados y los fusilamientos, y aborta la mascarada para denunciar la situación, con lo que se pone fin a la manipulación que soportan los cómicos. En el teatro pobre de estos actores ambulantes se condensa la fragilidad del pueblo español ante la guerra y, sobre todo, ante el fascismo intolerante. El personaje enmudecido debido a un trauma bélico, añadido por los guionistas Rafael Azcona y Carlos Saura, aún subraya más esa debilidad de los teatreros, siempre dependientes de un público que puede ser cruel; o de su impotencia para el compromiso con sus ideas.
La obra de teatro ya había tenido un rodaje importante y la película consigue casi un millón de espectadores y nada menos que 13 Goyas en los premios más prestigiosos del cine español.
JLSN






