Los defensores de la fe
“España, destrozada por facciones opuestas… El Frente Popular robó las elecciones y liberó a 30.000 criminales”. Con estas contundentes y tendenciosas palabras comenzaba Defensores de la fe [Defenders of the Faith], un largometraje documental producido y narrado por el estadounidense Russell Palmer, rodado en plena Guerra Civil española. Lejos de ser una crónica objetiva, la película funcionó como instrumento propagandístico al servicio del bando sublevado, orientado a ganar simpatías para la causa franquista entre las audiencias conservadoras de Estados Unidos. La cinta es una exaltación de la vida cotidiana en la España franquista, marcada por el orden, el progreso y la religiosidad (impactan los desfiles de la Sección Femenina, la llegada de las tropas nacionales a puntos como Castellón o el ocio y paz en San Sebastián) frente al caos, maldad y sufrimiento de la España republicana, ejemplificada excelentemente en los primeros planos de los prisioneros enemigos. Se trata, además, de la primera película sobre un conflicto bélico rodada en color.
“Spain, torn apart by opposing factions… The Popular Front stole the elections and freed 30,000 criminals.” These forceful and tendentious sentences open Defenders of the Faith began—a documentary feature produced and narrated by the American Russell Palmer, filmed during the height of the Spanish Civil War. Far from being an objective chronicle, it served as a propaganda tool for the rebel side, aimed at winning sympathy for the Francoist cause among conservative audiences in the United States. The film glorifies daily life in Francoist Spain, marked by order, progress, and religiosity (notably the parades of the Female Section, the arrival of Nationalist troops in places like Castellón, and the leisure and peace in San Sebastián), in contrast with the chaos, evil, and suffering of Republican Spain, exemplified strikingly in close-ups of enemy prisoners.
Palmer no era un cineasta cualquiera: fue presidente de Peninsular News Service, un grupo mediático profranquista y católico en los EEUU (editaban, entre otras las revistas Spain y Cara al Sol), había trabajado como asesor comercial en Madrid y cultivó estrechos lazos con la élite falangista, lo que le permitió moverse con libertad en zona nacional durante la contienda. Su documental, producido sin restricciones por parte del aparato franquista, difunde una visión abiertamente maniquea del conflicto: los sublevados aparecen como defensores heroicos de la fe y la civilización occidental frente a un enemigo caricaturizado como caótico, criminal y comunista. En este sentido, Defenders of the Faith se inscribe en la estrategia del primer franquismo por moldear la opinión pública internacional a través de servicios de prensa afines, presentando la guerra como una cruzada inevitable contra el bolchevismo.
El filme se exhibió en salas estadounidenses y se movió en circuitos católicos y anticomunistas, en contraposición directa a obras como The Spanish Earth (1937), dirigida por Joris Ivens y escrita por Hemingway y Dos Passos, que defendía la causa republicana desde una mirada humanista y militante. Mientras The Spanish Earth buscaba generar empatía hacia los campesinos y milicianos que defendían la República, la obra de Palmer utilizaba un lenguaje épico-religioso para justificar el alzamiento como restauración del orden moral.
Hoy, Defenders of the Faith representa no solo un documento cinematográfico sesgado, sino una pieza clave para entender cómo el franquismo ensayó tempranamente su diplomacia cultural en el extranjero, en especial en EE.UU.
AM






