Cómo terminó la guerra civil española
Creator: España. Delegación del Estado para Prensa y Propaganda
Source:
Biblioteca Nacional de España, Hemeroteca Digital GC-CAJA/121/2/4
Extent: 1 item
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El final de la Guerra Civil española está marcado por la sucesión de victorias militares franquistas y la obtención por los rebeldes del reconocimiento internacional. Es un proceso que arranca con el final de la batalla del Ebro y se acelera con la ofensiva de Cataluña. Pero también es el resultado de una amplia operación de inteligencia militar por parte de los franquistas, hasta ahora ignorada, que fue decisiva en determinar cómo se terminó la Guerra Civil.
Para comprender este proceso hay que centrarse en el papel de los servicios secretos de Franco, el Servicio de Información y Policía Militar (SIPM), liderado por el coronel José Ungría, quien aparece segundo a la izquierda en la foto. Basado en el modelo de policía de seguridad alemán, desde la segunda mitad de 1937 el SIPM reorienta su estrategia hacia el control del territorio y de las grandes poblaciones del enemigo. A lo largo de 1938 consigue captar al servicio de información republicano al completo.
Tras la pérdida de Barcelona, el jefe del estado mayor republicano, Vicente Rojo, presentó un plan de rendición, y de suspensión de hostilidades inmediato, ante Azaña y Negrín. Este último no la acepta y remodela la cúpula militar antes de pasar a Francia. Sin saberlo, Negrín asciende a toda la cúpula militar profesional que trabaja desde hace tiempo para el Cuartel General de Burgos.
El 2 de febrero de 1939, las últimas Cortes republicanas celebradas en Figueras, aprueban tres puntos para la rendición. Cuatro días más tarde, el Cuartel General de Burgos, envía las Instrucciones para la rendición al interior de Madrid. A partir de ese momento se produce la entrega del Alto Mando profesional republicano que ofrece toda la información defensiva y la cartografía que le faltaba al Estado Mayor franquista.
La rendición se acelera. Para ello, el SIPM había creado el mismo día del comienzo de la ofensiva de Cataluña, una pantalla política, el Consejo Asesor, destinada a negociar la entrega de la capital y de los puertos de Levante con un Frente Popular que ha roto su unidad de acción y se muestra mayoritariamente a favor de la rendición inmediata. El Consejo Asesor tiene libertad de movimientos y cobertura diplomática, pues se constituye en la embajada británica y se reúne bajo pabellón francés. El 16 de febrero los británicos (que un día antes han reconocido en secreto al gobierno de Burgos) ofrecen una paz con condiciones a los representantes de republicanos y franquistas. La respuesta positiva de Negrín fue interceptada por los servicios secretos franquistas, y por eso llegó tarde y quedó sin efecto.
El desenlace del conflicto estuvo caracterizado por una elevada precisión en la entrega y planificación del destino de los vencidos. En el momento del colapso republicano, el territorio leal albergaba a diez millones de personas, grandes núcleos urbanos, puertos y bases navales, así como medio millón de soldados que no fueron reconocidos como combatientes. Para todos, no hubo armisticio, ni amnistía. La mayoría pasaron por la cárcel y por el trabajo forzado. Ninguna de las condiciones o promesas franquistas para lograr la rendición republicana se cumplieron.
GGB






