Primer Consejo de Ministros del Gobierno de Franco, 1938
Creator: España. Delegación del Estado para Prensa y Propaganda
Source:
GC-CAJA/74BIS/23, Biblioteca Nacional de España
Date Created: 1938-01-30
Type: Photograph
Extent: 1 item
42.34393, -3.69698
El primero de octubre de 1936, en la Capitanía General de Burgos, se celebró la investidura de Francisco Franco Bahamonde como jefe del Estado. Franco fue un integrante, de última hora, de la cúpula militar que dio el golpe de Estado del 17/18 de julio de 1936. Un año más tarde la Junta Técnica del Estado en el bando rebelde establecía 1 de octubre como “Fiesta Nacional del Caudillo”. Se instauraba así el culto oficial al “Caudillo”.
Un papel fundamental en la construcción de los mitos de Franco lo jugaron la Oficina de Prensa y los servicios de propaganda del bando sublevado. Su objetivo inicial fue legitimar el liderazgo de Franco en el bando rebelde, su conclusión final fue dar comienzo al “mito del Caudillo” el conjunto de relatos creado en torno a su figura y que explican, al menos en parte, el apoyo social y aquiescencia general con que contó durante casi cuarenta años de dictadura.
La dictadura de Franco se construye y fundamenta en la Guerra Civil. El 19 de abril de 1937, firmó el decreto de unificación de partidos creando, así, un partido único: la Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (FET de las JONS). En enero de 1938, Franco constituía su primer gobierno al tiempo que promulgaba una Ley de Administración Central del Estado. La foto muestra a Franco con sus ministros. En su artículo 17 esta Ley facultaba a Franco para “dictar normas jurídicas de carácter general”. Finalmente, el 8 de agosto de 1939 se promulgaba una Ley que concedía al dictador la facultad para ejercer las funciones de gobierno pudiendo dictar Leyes o Decretos incluso al margen del Consejo de Ministros.
La configuración de ese gobierno de 1938, así como la de los que le sucedieron, evidenciaba los tres pilares sobre los que Franco sustentó su poder: el Ejército, la Iglesia y la Falange. Al margen de esos tres pilares, Franco, como dictador, hizo uso de las dos grandes culturas políticas del régimen español: la fascista y la nacional-católica.
Franco gestionó con pragmatismo ese poder absoluto y total que conquistó. Así, permitió un amplio margen de maniobra a sus colaboradores. Ese margen de maniobra, y los diferentes intereses y sensibilidades insertos en la coalición ultraconservadora que gobernó, facilitaron que el Generalísimo adoptara el papel de árbitro. Un árbitro que exigía una fidelidad total. Este sistema convirtió el poder y la política en la dictadura en una tupida red clientelar y de patronazgo. Una red piramidal que siempre acababa en un mismo vértice: el dictador.
OBR